Diseño digital, experimentación, materiales y una forma diferente de pensar y crear joyas.

Crear capa por capa

La impresión 3D está transformando desde hace años la manera en que se diseñan y producen objetos en campos muy diferentes: medicina, industria aeroespacial, automoción, electrónica, moda y, por supuesto, joyería. Su capacidad para convertir un diseño digital en un objeto físico permite experimentar con geometrías complejas, producir prototipos, hacer modificaciones y desarrollar objetos que antes podían resultar difíciles de fabricar mediante otros procesos.

En Dulce Design encontramos en ella una manera de crear que se ajusta especialmente bien a lo que queremos hacer.

No creemos que la impresión 3D sea “mejor” que todas las demás formas de producir joyería, ni que deba reemplazarlas. Los metales, la cerámica, el vidrio, las resinas y muchos otros materiales y técnicas tienen posibilidades extraordinarias. La impresión 3D es, simplemente, otra alternativa: una que lleva años desarrollándose y que nosotros decidimos adoptar porque encontramos en ella características muy cercanas a nuestros valores.

Tampoco llegamos a inventar la impresión 3D aplicada a la joyería. Somos parte de un movimiento mucho más amplio, construido por diseñadores, investigadores, artistas, ingenieros y marcas que llevan tiempo explorando sus posibilidades. La literatura sobre joyería impresa en 3D ya documenta, entre otras cosas, su capacidad para ampliar la libertad de diseño, producir estructuras complejas y facilitar la personalización y la experimentación.

Y nos gusta reconocernos como parte de ese proceso colectivo.

Las ideas también tienen historia

Diseñar tampoco ocurre en el vacío. Todos construimos dentro de un mundo lleno de objetos, formas, animales, flores, colores, imágenes y soluciones que alguien ha explorado antes.

Por eso no pretendemos decir, por ejemplo, que inventamos poner un conejo en un arete o en un anillo. Sería absurdo. Hay conejos en el arte y el diseño desde muchísimo antes de que existiera Dulce Design, y probablemente habrá miles después de nosotros.

Lo que sí podemos decir es que nuestros conejos son nuestros diseños.

Los hemos construido nosotros digitalmente, trabajando sus formas y proporciones en programas de modelado como Fusion 360. No han sido generados por inteligencia artificial ni obtenidos mediante programas que copian objetos tridimensionales existentes. Sabemos que los conejos del mundo se parecen entre sí, pero los nuestros representan nuestro esfuerzo por crear una interpretación propia y ofrecer un diseño original desde Dulce Design.

Y lo mismo ocurre con cada nueva pieza: una idea inicial es solamente el comienzo.

Mucho más que presionar “imprimir”

A veces la expresión “impresión 3D” puede hacer pensar que el proceso consiste simplemente en tener una impresora, cargar un archivo y esperar a que aparezca un objeto terminado.

Nuestra experiencia ha sido exactamente la contraria.

Una pieza comienza con el diseño. Después vienen las pruebas, las correcciones y, muchas veces, nuevas versiones del diseño. Una modificación aparentemente mínima en una curva, un espesor, una unión o un ángulo puede cambiar completamente el resultado físico.

Precisamente una de las posibilidades más interesantes de la fabricación mediante diseño digital es esa capacidad de iterar: crear un modelo, convertirlo en un prototipo físico, observarlo, identificar problemas, modificarlo y volver a producirlo. La investigación sobre impresión 3D aplicada a joyería destaca esta posibilidad de iterar y optimizar repetidamente los modelos antes de llegar al resultado final.

Después comienza otra iteración: la de la propia impresión.

Temperaturas, orientación, soportes, espesores, velocidades y características particulares de cada geometría pueden modificar el resultado. Conseguir precisión dimensional, una superficie adecuada y consistencia entre piezas forma parte de los desafíos reconocidos de la joyería impresa en 3D.

Por eso imprimimos, observamos, ajustamos y volvemos a imprimir hasta encontrar el resultado que buscamos.

Y cuando la impresora termina, nuestro trabajo tampoco ha terminado.

El acabado también es parte del diseño

Después de la impresión vienen distintos procesos manuales de limpieza, revisión y pulido para llevar cada pieza al mejor estado posible.

En algunas piezas incorporamos además un proceso de humectación con aceites naturales. Nos gustan especialmente los aceites de manzanilla y naranja, también por sus aromas, y los utilizamos en determinados acabados como parte de ese último cuidado de la pieza.

Luego están los demás elementos que completan cada diseño. Entre ellos, hemos elegido incorporar cristales de buena calidad y alternativas que procuramos seleccionar teniendo también en cuenta criterios ambientales, para que los distintos componentes acompañen la intención con la que producimos nuestras piezas.

Y finalmente está el empaque.

Para nosotros no debería ser simplemente algo que se desecha después de abrir una compra. Nos esforzamos para que acompañe estéticamente la pieza y, al mismo tiempo, tenga una función: permitir guardarla de manera cuidadosa, práctica y atractiva.

Porque nuestra intención no es crear algo pensado para ser usado unas cuantas veces y olvidado.

Queremos crear pequeños objetos que puedan convertirse en pequeños tesoros.

Por eso nuestros procesos de revisión y control de calidad buscan también que, con un uso y cuidado adecuados, las piezas puedan acompañar a quien las recibe durante mucho tiempo.

Diseñar con menos desperdicio

Hay otra razón por la que la impresión 3D nos interesa especialmente: la relación entre fabricación y utilización de materiales.

A diferencia de numerosos procesos sustractivos, en los que una forma se obtiene retirando material de una pieza mayor, la fabricación aditiva construye el objeto incorporando material progresivamente allí donde el diseño lo necesita. En estudios sobre su aplicación a la joyería se ha señalado precisamente la reducción del desperdicio de material como una de sus ventajas potenciales. Un análisis comparativo reporta, por ejemplo, una utilización del material cercana al 90 % mediante impresión 3D frente al 60 % considerado para procesos tradicionales en el caso estudiado.

Esto no significa que imprimir en 3D sea automáticamente sostenible ni mejor. Ningún proceso de producción deja de tener impactos simplemente por utilizar una tecnología determinada. Importan el material, el diseño, la cantidad producida, la durabilidad del objeto y muchas otras decisiones.

En nuestro caso intentamos aprovechar las posibilidades que sí ofrece la tecnología: trabajamos con PLA de origen vegetal, producimos en cantidades pequeñas y podemos fabricar bajo demanda, evitando acumular grandes inventarios de piezas que quizá nunca lleguen a utilizarse.

La investigación sobre el futuro de la impresión 3D en joyería también apunta precisamente hacia el desarrollo de materiales más sostenibles, incluidos materiales de origen biológico y plásticos biodegradables, y hacia una producción que combine libertad formal, personalización y un uso más consciente de los recursos.

Para nosotros, sostenibilidad no significa afirmar que hemos encontrado un material o un proceso perfecto. Significa intentar tomar mejores decisiones dentro de las posibilidades reales que tenemos.

Una máquina que también nos enseñó a pensar de otras maneras

Pero quizá hay algo que no esperábamos cuando comenzamos a trabajar con impresión 3D.

Ha terminado siendo una de las experiencias creativas más gratificantes que hemos encontrado.

Diseñar para impresión 3D obliga constantemente a resolver problemas. Una idea que parece perfecta en la pantalla tiene que existir después en el mundo físico. Tiene que sostenerse, conservar determinadas proporciones, relacionarse con el cuerpo, soportar movimientos y responder a dimensiones que ya no son solamente números en un programa.

Hay que preguntarse por qué algo no funcionó, modificarlo, probar nuevamente y, muchas veces, aceptar que la solución que imaginábamos inicialmente no era la adecuada.

En ese proceso hemos aprendido muchísimo sobre dimensiones, proporciones, estructuras, materiales y sobre la relación entre los objetos digitales y el mundo físico.

Y, sobre todo, hemos encontrado un espacio enorme para la creatividad.

Quizá por eso nos entusiasma tanto escuchar hablar de impresión 3D también en contextos educativos. Desde nuestra propia experiencia podemos comprender su potencial para estimular procesos de pensamiento vinculados con la experimentación y la resolución de problemas: imaginar algo, modelarlo, llevarlo al mundo físico, descubrir que existe un problema y volver al diseño para intentar resolverlo.

Ese ciclo puede repetirse muchas veces.

Y curiosamente, en lugar de sentirse como una repetición, cada vuelta abre una posibilidad nueva.

Eso es, probablemente, lo que más nos gusta de trabajar con impresión 3D.

Sabemos que somos apenas una pequeña parte de un universo de creación digital que comenzó mucho antes que nosotros y que continuará creciendo de formas que todavía no podemos imaginar.

Desde Dulce Design esperamos aportar a ese universo desde nuestro propio quehacer: diseñando, experimentando, equivocándonos, corrigiendo y creando objetos que encuentren un lugar especial en la vida de quienes deciden llevarlos.

Esperamos que nos acompañen en este mundo de creación digital, capa por capa.